Mari y Guillermo.
—¡Mari! Ya estoy en casa. ¿Dónde andas?
—Arriba, en el baño.
Según avanza Guille por el pasillo, nota algo extraño. “¿Esa luz? Velas, ¿no?”, se pregunta intrigado. —Hola cariño, ¿y esto? —pregunta, entrando en el cuarto de baño.
—Nada, me apetecía darme un baño relajante contigo.
—Mmmnh, ¿y eso? La última vez que nos bañamos fue hace… puff, ni me acuerdo.
—Anda, ¿qué más da? Desnúdate y métete en la bañera.
—Voy a bajar un momento a por un par de cervezas y nos las bebemos aquí, ¿vale?
—No, trae una solo una, yo no quiero.
—¡Qué gozada! —dice Guille mientras mete un pie en el agua.
“Estoy disfrutando tanto este momento” piensa María. “En un momento te lo voy a decir, casi no me lo puedo aguantar y a la vez lo disfruto tanto… Me siento poderosa con lo que te voy a decir. Según te acomodas en la bañera me hablas de lo buena idea que ha sido aplazar lo de Sonia y Sol, que vienen mañana a comer, que les ha parecido bien”.
—¿Por qué me miras así? —pregunta Guillermo a su mujer.
—Porque te quiero, y estoy muy contenta y tengo muchas ganas de decírtelo.
—Yo también te quiero, mi amor. Estoy encantado de estar contigo. Me haces muy feliz.
—Pues te puedo hacer mucho más.
—No creo. Más felicidad que esta no es posible. Eres todo lo que necesito.
—Pues dentro de unos nueve meses seremos uno más.
—¿Qué? ¿Estás segura? —pregunta incrédulo.
—Sí. En ese momento Guille se abalanza sobre María y la abraza y la besa haciendo que se salga la mitad del agua de la bañera.
—Ja, ja, ja, cuidado, loco, que me ahogas —se ríe María.
—Pero ¿cómo es posible? Así tan rápido, ¿cómo lo sabes? ¿Has ido al médico?
—No, aún no, si me he hecho la prueba hace unas horas.
—Pero, ¿esas pruebas son fiables?
—Qué sí, hombre, bueno eso dice en el papel.
—Vamos a ser padres, Mari. Vamos a tener un bebé. Dios mío, no me lo puedo creer. ¿Estás bien?
—Sí, claro, estoy muy bien.
—Por eso estabas cansada esta tarde.
—No, no estoy cansada. Te lo dije porque no te lo quería decir por teléfono pero tampoco quería esperar a mañana. Fue una excusa para que no vinieran estas. Quería que estuviésemos solos. En ese momento Guille mete la cabeza debajo del agua y le empieza a besar la tripa mientras le grita al bebé dentro del agua.
—Ja, ja, ja, quita, bobo, que te me vas a ahogar —dice María entre carcajadas.
—Pero ¿por qué te hiciste la prueba, te encuentras mal? —pregunta tras sacar la cabeza del agua.
—Que no, que estoy bien. Llevaba un retraso de unos días y fui a hacerme la prueba, pensando que no era posible, pero por si acaso… y mira con lo que me he encontrado.
—Te quiero mucho, mi amor.
—Y yo a ti. Ahí quedan abrazados con las manos entrelazadas encima del vientre de María, en silencio durante un rato disfrutando ese momento.
¿Deseas seguir leyendo?
—Arriba, en el baño.
Según avanza Guille por el pasillo, nota algo extraño. “¿Esa luz? Velas, ¿no?”, se pregunta intrigado. —Hola cariño, ¿y esto? —pregunta, entrando en el cuarto de baño.
—Nada, me apetecía darme un baño relajante contigo.
—Mmmnh, ¿y eso? La última vez que nos bañamos fue hace… puff, ni me acuerdo.
—Anda, ¿qué más da? Desnúdate y métete en la bañera.
—Voy a bajar un momento a por un par de cervezas y nos las bebemos aquí, ¿vale?
—No, trae una solo una, yo no quiero.
—¡Qué gozada! —dice Guille mientras mete un pie en el agua.
“Estoy disfrutando tanto este momento” piensa María. “En un momento te lo voy a decir, casi no me lo puedo aguantar y a la vez lo disfruto tanto… Me siento poderosa con lo que te voy a decir. Según te acomodas en la bañera me hablas de lo buena idea que ha sido aplazar lo de Sonia y Sol, que vienen mañana a comer, que les ha parecido bien”.
—¿Por qué me miras así? —pregunta Guillermo a su mujer.
—Porque te quiero, y estoy muy contenta y tengo muchas ganas de decírtelo.—Yo también te quiero, mi amor. Estoy encantado de estar contigo. Me haces muy feliz.
—Pues te puedo hacer mucho más.
—No creo. Más felicidad que esta no es posible. Eres todo lo que necesito.
—Pues dentro de unos nueve meses seremos uno más.
—¿Qué? ¿Estás segura? —pregunta incrédulo.
—Sí. En ese momento Guille se abalanza sobre María y la abraza y la besa haciendo que se salga la mitad del agua de la bañera.
—Ja, ja, ja, cuidado, loco, que me ahogas —se ríe María.
—Pero ¿cómo es posible? Así tan rápido, ¿cómo lo sabes? ¿Has ido al médico?
—No, aún no, si me he hecho la prueba hace unas horas.
—Pero, ¿esas pruebas son fiables?
—Qué sí, hombre, bueno eso dice en el papel.
—Vamos a ser padres, Mari. Vamos a tener un bebé. Dios mío, no me lo puedo creer. ¿Estás bien?—Sí, claro, estoy muy bien.
—Por eso estabas cansada esta tarde.
—No, no estoy cansada. Te lo dije porque no te lo quería decir por teléfono pero tampoco quería esperar a mañana. Fue una excusa para que no vinieran estas. Quería que estuviésemos solos. En ese momento Guille mete la cabeza debajo del agua y le empieza a besar la tripa mientras le grita al bebé dentro del agua.
—Ja, ja, ja, quita, bobo, que te me vas a ahogar —dice María entre carcajadas.
—Pero ¿por qué te hiciste la prueba, te encuentras mal? —pregunta tras sacar la cabeza del agua.
—Que no, que estoy bien. Llevaba un retraso de unos días y fui a hacerme la prueba, pensando que no era posible, pero por si acaso… y mira con lo que me he encontrado.
—Te quiero mucho, mi amor.
—Y yo a ti. Ahí quedan abrazados con las manos entrelazadas encima del vientre de María, en silencio durante un rato disfrutando ese momento.
¿Deseas seguir leyendo?
Comentarios
Publicar un comentario